La ciudad no ha usado toda su capacidad para promover la inclusión social y romper trampas de pobreza espaciales. Las ciudades latinoamericanas se conocen por tener al menos un sector deprimido y marcado por altos índices de violencia. Cabe preguntarse si este fenómeno fue potenciado por la ciudad o, por el contrario, si ésta evita que los habitantes de estas zonas sean aún más pobres ofreciéndoles puestos de trabajo y servicios de infraestructura. Para que la ciudad utilice toda su capacidad para promover la inclusión social y romper trampas de pobreza es necesario reconocer el rol del espacio sobre las condiciones de pobreza y exclusión y no sólo crear políticas sociales basadas en las habilidades individuales, es decir, formular políticas de focalización espacial. Ante esto se planteó que la Plataforma podría ser una carta de navegación, independiente de los cambios en las administraciones locales para acceder a datos actualizados que permitan formular estrategias efectivas de intervención.
No tenemos claridad si la urbanización ha jugado un papel positivo en la reducción de la pobreza y en qué grado lo ha hecho, o si por el contrario un manejo diferente de las ciudades hubiera permitido reducciones aún mayores de la pobreza. Tres puntos de debate hacen pensar que las ciudades no están trabajando plenamente como motores de inclusión social y reducción de la pobreza.
Mayor inclusión ha estado limitada. Podría haberse reducido más la pobreza de haberse contado con menor inequidad distributiva. En general, en la región se observa una disociación entre los patrones de reducción de la pobreza y los de mejoría en la equidad distributiva. Este hecho muestra que en las ciudades latinoamericanas las altas tasas de desigualdad fueron un límite al aprovechamiento de los efectos cascada del crecimiento de las ciudades.
Manejo de la urbanización separada de la lucha contra la pobreza. Falta de capacidad institucional para atender simultáneamente el reto de la urbanización y al mismo tiempo el reto de reducir la pobreza. Los procesos de descentralización en América Latina fueron pensados como un mecanismo para profundizar la democracia, lo cual impuso una lógica sectorial sobre una lógica espacial para la administración urbana. Por lo tanto, la asignación de responsabilidades a los gobiernos locales tras la descentralización ha resultado en un manejo separado del reto de la urbanización y el reto de reducir la pobreza; generalmente optando por la reducción de la pobreza ¿Se han perdido las oportunidades que trae un manejo conjunto?
Alto desconocimiento del rol de la localización sobre la pobreza al interior de las ciudades. La investigación sobre la pobreza sigue apuntando casi exclusivamente a las características individuales; consecuentemente los programas de reducción de la pobreza apuntan al desarrollo de las habilidades. Por su parte, los programas para atender la pobreza espacialmente son variados y cambian de gobierno a gobierno. En esta medida, los mecanismos que afectan las decisiones de localización de la población pobre pueden tener un fuerte impacto sobre la exclusión social, pero aun no han sido exploradas convenientemente.
Presentación de los resultados de la nota: http://prezi.com/fzad0xwrnwoy/
Francisco Sabatini y Tito Yepes
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